martes, 18 de octubre de 2011



"Me estoy asfixiando. Así de simple". Una excelente frase para captar el interés en su historia. Hace tanto que no veía a esta amiga, que, cuando emocionada pregunté como estaba me dejó estática con la respuesta. Debo confesar que hasta me dio miedo preguntar por qué.

"Fácil, tengo junto a mí, alguien en quien no confío. Cada palabra, cada acercamiento, me parecen extremadamente falsos". Algo automático salió de mis labios. "¿Qué haces con él aún?". Y la respuesta fue más desconcertante inclusive. "No quiero ser yo quien dé el primer paso para terminar, no le regalaré la oportunidad de ser la víctima".

Increíble que en estos tiempos aún pensemos en posturas para nuestras relaciones sentimentales. ¿No era la idea que amábamos a alguien y por eso permanecíamos unidos?. Creo que algún instante nos quedamos estancadas en el tiempo, en la idea de ser mártires por el desamor de aquél que nos juró lealtad eterna y que ahora nos regala 5 minutos para vendernos una realidad que no existe (a pesar que sabemos que NO EXISTE).

Qué curioso que la vanidad o el orgullo predomine en este tipo de nexo emocional. Entonces aquella emoción producto de las feromonas, es sólo algo calculado, hasta el punto de ser una competencia de "aguantes", quien se canse primero pierde la grandiosa oportunidad de ser objeto de la lástima y el aprecio general por haber sido flamantemente abandonado.

Preferí sólo escuchar el resto del monólogo. Terminé mi café y me fui a meditar sobre el papel que decidiría tener, de encontrarme en la misma situación.

See u.

1 comentario:

  1. Además de la vanidad y orgullo, creo que tiene de masoquismo y falta de amor propio, lo cual a veces sucede, aunque no este bien, Mexis.

    Se extrañaban los relatos.

    Rafo

    ResponderEliminar